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Reflexiones desde el exilio republicano

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El miércoles 26 de mayo en Bilbao volvimos a transitar por los Caminos de la Memoria, y lo hicimos de la mano de dos personas entrañables, Ludivina García-Arias y Ceferino Álvarez. Ambos llevan muchos años haciendo un trabajo extraordinario desde la Asociación de Descendientes del Exilio Español para que los hijos e hijas de aquellas personas que se vieron abocadas al exilio por causa de la Guerra Civil, puedan recuperar  la nacionalidad española y retornar si así lo desean. Además, la asociación actúa como grupo de presión ante las instituciones para garantizar políticas destinadas a facilitar la protección económica y social de estas personas en el extranjero.

Ludivina García-Arias nació en México y es una de tantas hijas del exilio republicano en el país centroamericano. Ceferino Álvarez, por su parte, es hijo de un histórico del PCE en Asturias. Aunque nació en Tarragona cuando su familia ya había sido evacuada tras la caída del frente norte, vivió gran parte de su vida en esa Meca del exilio republicano en Francia que fue Toulouse. Ambos nos ofrecieron trazos de una historia que se desarrolla en lugares tan distantes como México y Francia, pero que arranca con una tragedia común.

 El acto tuvo lugar en el salón de actos de las Juntas Generales de Bizkaia. La sala casi se llenó para escuchar sus reflexiones. Entre el público, varios descendientes de personas que vivieron el exilio, los cuales sintieron de forma particularmente emotiva las palabras de nuestros invitados.

En su presentación, Ludivina y Ceferino reflexionaron sobre como se ha preservado la Memoria Histórica en las segundas y terceras generaciones del exilio, como se ha transmitido el relato de las causas que lo provocaron, y el poso que esto ha dejado en esas personas que, en muchas ocasiones, no han regresado nunca a nuestro país. Según su estimación, unas 240.000 personas los que son descendientes directos del exilio en muchos países de Europa y América.

En su alocución, ambos coincidieron en señalar que “no queremos recuperar la memoria, porque nunca la hemos perdido. Como exiliados e hijos de exiliados, queremos mantener viva la memoria de aquella gente que luchó por la República, porque ésta fue mucho más que un gobierno legítimo: trajo la enseñanza para todos, derechos para las mujeres, la reforma agraria, intentó limpiar el ejército, y otras muchas cosas buenas para modernizar un país sumido en el siglo XIX”.

Este reconocimiento se tiene que integrar en la educación y en el lenguaje político. En este sentido, aseguró que “la simbología es muy importante, porque no es gratuita. La gente joven pasa por la calle General Yagüe y no sabe que fue un asesino. Las democracias europeas honran a los que defendieron la libertad, y este país sigue sin hacerlo”. Para ilustrarlo, puso el ejemplo del asturiano Cristino García, miliciano republicano, después miembro de la resistencia francesa, y luego guerrillero del maquis en España. Ahí fue detenido y fusilado. En Francia es reconocido como un luchador por la libertad, fue condecorado por el Gobierno y tiene cinco calles con su nombre. Aquí, tiene una tumba anónima en Carabanchel, y nada más. Es una vergüenza”.

Sobre la ley de la Memoria Histórica, nuestros invitados valoraron que es muy mejorable y que llega tarde, pero que es un primer paso. Como representantes del exilio, dieron gran importancia al reconocimiento de la nacionalidad española para los descendientes: “quienes se oponen esta medida dicen que esas personas adoptan la nacionalidad solo para poder emigrar a España, pero la realidad nos muestra que la inmensa mayoría permanece en los países donde nacieron. En realidad, para ellos se trata de recuperar la propia identidad”. Ludivina aludió a su propio caso para decir que ella, hasta este momento, tenía la nacionalidad española por matrimonio con un español, pese a ser hija de exiliados. Sólo ahora he podido ejercer mi derecho”. En este sentido, destacó la labor de Gaspar Llamazares y su perseverancia para que esta cuestión de la nacionalidad, que no se contemplaba inicialmente en la ley,  fuera incluida en ella.

En cuanto a la polémica suscitada en torno al proceso sobre los crímenes del franquismo, nuestros invitados señalaron que “no vamos a endiosar a Garzón, porque hizo lo que tenía que haber hecho cualquier juez. Es inaudito lo sucedido. En el extranjero produce sonrojo. Hablamos de una dictadura que duró 40 años y todavía hay gente en las altas esferas que siguen poniendo zancadillas para que no se sepa lo que sucedió”.

Preguntados sobre la exhumación de fosas apuntaron que “no es cuestión de recuperar unos huesos, sino de escribir la verdadera historia de lo que sucedió. Durante 40 años no se ha escrito la Historia de España, y la queremos escribir. No es en absoluto rencor, pero quiero que se sepa el nombre de los asesinos. Es una obligación moral. Y recordar a los que fueron asesinados con lugares en los que se pueda honrar su memoria”. 

 


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